DIABLADA DE PÍLLARO
La
“Diablada” es una festividad que se realiza en Pìllaro
anualmente, del 1º al 6 de enero. Su historia se remonta los años
de la conquista, ya que se dice que los españoles trajeron el
cristianismo y lo impusieron a la fuerza sobre los indígenas; como
resultado de esto, los indígenas comenzaron a percibir a Cristo como
opresión y al diablo como un símbolo de libertad. Se cuenta que en
épocas de la colonia los españoles permitían los indígenas hacer
sus fiestas y estos decidieron disfrazarse de diablos y salir a
bailar a las calles, como burlándose de la religión católica y
repudiando las prédicas sacerdotales. En la actualidad, la danza de
los diablos es símbolo del hambre que el pueblo pillareño tiene por
la libertad: hambre heredada de sus antepasados, quienes aguantaron
valientemente los ataques de los incas primero y luego los de los
españoles. Cada primero de enero de un nuevo año los pillareños
preparan sus trajes rojos brillosos, y sus máscaras; aquellos que no
las tienen, las alquilan en los lugares donde son fabricadas. Son
máscaras hechas de cartón, moldeadas a mano, y en ellas se usan
huesos y cachos de animales que simulan los cuernos y dientes de los
diablos. Poco a poco se van alistando las diversas comunidades
aledañas a Pìllaro para salir a las calles y encontrarse en el
camino con las demás.
Al grito de
¡”Achachay!”, salen los diablos a tomarse las calles y comienzan
a danzar sin parar, al ritmo de las bandas de pueblo. Los diablos
llevan un látigo en la mano, con el cual amenazan los espectadores;
otros llevan animales pequeños en sus manos, son traviesos y
proyectan aires de agresividad y poder. Bailan sin cesar durante
largas horas, recorriendo las principales calles de la localidad. Se
toman pequeños descansos, en los que se alimentan y beben
aguardiente de caña para energizarse y seguir bailando hasta la
iglesia principal o el sitio de descanso designado, donde concluyen
su trayecto. Los diablos no bailan solos: van acompañados de los
capariches (danzante con una escoba), filas (danzantes que
representan a la clase alta) las “guarichas”. Estas son
individuos que usan vestidos blancos, cubren su cabeza con una
capucha o manta y llevan en su rostro una máscara de malla. Las
guarichas van entreteniendo a la gente con actos cómicos; llevan en
una mano una muñeca y en la otra una botella de trago, de la cual
dan de beber cada cierto tiempo a los diablos cansados. Los diablos
bailan durante toda la semana. La comparsa más grande tiene lugar el
último día, con alrededor de 1500diablos. No se puede dejar de
mencionar que el pueblo entero viste de fiesta y organiza ferias
gastronómicas y artesanales que reciben a una gran cantidad de
turistas extranjeros y nacionales. La “Diablada de Pìllaro” fue
declarada Patrimonio Cultural Intangible en enero del año dos mil
nueve, y desde entonces ha venido tomando una fuerza cada vez mayor.


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